8 dic. 2014

Mis librillos en Honduras!

Pues estos han sido mis libros de aeropuertos, viajes y noches hondureñas! y me apetecía en mi recta final de mi estancia en el Golfo de Fonseca, compartir con ustedes algunos párrafos que han significado, si cabe, un poquito más.



En mi primer mes “acá”, el de adaptación, me propuse leer el “La Doctrina del Shock” de Naomi Klein y me ha quedado grabada esta declaración que tuvo lugar en el Tribunal contra la Impunidad por un campesino argentino, Sergio Tomasella, 

“Los monopolios extranjeros nos imponen cosechas, nos imponen productos químicos que contaminan la tierra, nos imponen su tecnología y su ideología. Todo eso a través de la oligarquía que es dueña de la tierra y controla a los políticos. Pero debemos recordar que esa oligarquía está también controlada por esos mismos monopolios, por esos mismos Ford Motor, Monsanto o Philip Morris. Es la estructura lo que debemos cambiar. Eso es lo que he venido a denunciar. Eso es todo.
Creo que la verdad y la justicia triunfarán al final. Llevará generaciones. Si debo morir en esta lucha, que así sea. Pero un día triunfaremos. Mientras tanto, sé quién es el enemigo, y el enemigo también sabe quién soy yo"

En este segundo mes y sobre todo durante mi estancia en la Comunidad de Las Uvas, en casa de la familia Ochoa Aguilar, tuve el place de leer “Prision Verde” de un autor y luchador por los derechos de los “campeños” en Honduras, Ramón Amaya Amador que entre muchos capítulos, frases o párrafos sin duda uno de mis favoritos ha sido este:

“¿Tendremos que conformarnos con esta ceguera ante los males y los errores?¿Por qué fatalismo debemos ser nosotros, los que trabajamos, quienes tengamos que abonar con sangre y pena esta tierra que ya no es sino de los amos extranjeros?¿Para qué esta vida como perros hambrientos, mordiéndonos, despedazándonos, asesinándonos?¿Es que nunca llegaremos a hermanarnos, a juntar nuestros músculos y afanes para una lucha por nuestra liberación?¿Seremos unos idiotas los que creemos en un día de redención proletaria?¿Cuándo haremos desaparecer el odio entre nosotros; los vicios y la inconsciencia? Yo he soñado - ¡Cuántas veces!- en el día en que seamos un solo hombre con una misma acción; yo he creído que, de cada campeño, se hará un luchador consciente, un trabajador de corazón e ideas firmes, un hombre que no permita más explotación ni del amo extranjero ni del Judas criollo; yo he tenido fe en el futuro, fe en el campeño. ¿Y todo esto no será más que un sueño, ilusión nacida en el delirio de las fiebres que da la vida dentro de estos bananales...?

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